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Los Libros Redondos de la Universidad de Salamanca

La Universidad de Salamanca no es solo un campus de excelencia, sino que también el sitio que ha acogido a eminencias de todo el mundo. Estos personajes no solo destacan por su alto coeficiente intelectual, sino que también por la infinidad de invenciones, investigaciones y demás que realizaron durante su paso por la Universidad de Salamanca. Dentro de estos personajes, el protagonista de esta publicación es Diego de Torres Villaroel.  Gracias a él, la Biblioteca General de la Universidad atesora una colección de globos terráqueos; valiosas obras elaboradas en madera, papel, yeso y metal.

 

Diego Torres Villarroel

Fue un escritor, poeta, dramaturgo, médico, matemático, sacerdote y catedrático de la Universidad de Salamanca.

Según cuenta en su Vida, biografía muy novelada, al salir del colegio huyó de las consecuencias de sus desmanes a Portugal, donde llevó una vida aventurera en la que fue, -entre muchas otras cosas- ermitaño, bailarín, alquimista, matemático, soldado, torero, estudiante de medicina, curandero, astrólogo y adivino.

Esa biografía novelada haría que sus contemporáneos le atribuyesen una leyenda. Se supone que a su vuelta a Salamanca sentó cabeza y emprendió un programa de lectura de libros de filosofía natural, magia y matemáticas, y para ganarse la vida montó una editorial como escritor de almanques y pronósticos anuales bajo el seudónimo de “El gran Piscator de Salamanca”, género de periodismo  popular del que fue uno de los fundadores y con el que se hizo famoso, ya que mucha gente recurría a él para saber del futuro. Escribió estos folletos desde 1718 hasta 1766,

“Torres fue un hombre moderno en quien pudo convivir un cierto pesimismo barroco con el cinismo de un libertino intelectual y el cálculo propio de la conciencia burguesa”.

aParte de la leyenda de Torres tiene que ver con sus profecías, a las que se le atribuyeron notables aciertos. En el Almanaque de 1724 pronosticó con acierto la muerte del joven rey Luis I que falleció el 31 de agosto de ese mismo año.

 

Los libros redondos

Se conocen como “Libros redondos y gordos”  a los diez globos, celestes y terrestres, que se conservan en la Biblioteca Histórica. En un viaje a París, Diego de Torres Villarroel compró, dicen que entusiasmado, globos terráqueos con el dinero destinado a la compra de libros para la biblioteca en donde fue nombrado comiseradio de la librería de la Universidad luego de jubilarse. Ante los reproches recibidos por el mal uso dado al dinero destinado a la compra de libros, Torres Villarroel se justificó registrando las esferas como «libros redondos».

Las esferas más antiguas que componen la colección,  datan del siglo XVII y están fabricadas en Ámsterdam por los Blaeu, familia  reconocida de cartógrafos holandeses. Otra de las piezas destacadas  es el globo celeste fabricado en París por M. Robert en 1751, mientras que cabe mencionar el encanto especial de las esferas armilares del siglo XIX.

Apenas unos meses después de la llegada de los libros redondos, publicó la obra: “Uso de los globos y la esfera” y en mayo el catedrático matemático  informó del éxito de un primer ensayo de su academia. No obstante, la gloria duró le poco. No tardaron en criticar duramente su traducción del libro de Vaugondy que, además, se comprobó que, se había elaborado en castellano y no en latín.

 

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